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30.ene.2017 / 01:22 pm / Haga un comentario

José Ramón Rivero @joseramonrivero

 

Son muchos y variados los ejemplos que a lo largo y amplio de la historia del siglo XX y lo que va del siglo XXI, dan cuenta del riesgo de ceder soberanía al imperialismo norteamericano o diseñar políticas contando con los gringos.

Así fue cuando a la burguesía de EEUU no le convino mantener el esquema monetario en el cual una onza de oro era intercambiable por 32 dólares. En 1971 Richard Nixon mandó para el carajo el sistema establecido en Breton Woods al final de la segunda guerra y a partir de ese momento un dólar valía un dólar, sin otro marco de soporte que la confianza en la economía norteamericana. Una de las razones que impulsaron esta decisión es que la economía imperialista comenzó en los 70,  su indetenible caída por déficits comerciales y el aumento aun hoy exorbitante de su deuda externa; las alarmas se encendieron fundamentalmente porque estaban imprimiendo billetes para mantener un flujo de caja creciente en el financiamiento de la oprobiosa guerra de Vietnam, de la que salieron estrepitosamente derrotados.

Lo cierto es que no les importó sacudirse las exigencias de sus socios franceses e ingleses que habían cedido soberanía al aceptar que las transacciones internacionales se realizaran en dólares y no en un sistema plurimonetario que inmunizara al mundo de los intereses particulares y corporativistas del imperialismo.

Igual sucede con aquellos países que han decidido que su moneda circulante sea parcial o totalmente el dólar, ya que en los EEUU quien define las políticas monetarias es la FED (Sistema de Reserva Federal), que es una institución privada, propiedad de algunos bancos estadounidenses y con una autonomía del Gobierno y del resto de los poderes que debiera dar escalofríos a los Bancos Centrales del mundo. En la FED definen cuánto dinero imprimen y el valor de éste, sin tomar en consideración en lo absoluto a aquellos países que han decido usar el dólar como moneda de curso legal.

Igual es en el caso de la defensa militar, cuestión que actualmente está en el tapete. Durante las dos últimas décadas del siglo XX, y también en esta una y media del siglo en curso, siempre han aconsejado disminuir o suprimir los gastos militares de países como el nuestro, argumentando que puede confiarse en el imperialismo para que éste nos defienda. Tal como sucede hasta hoy en día con Arabia Saudita y buena parte de Europa a través de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte, creada para defender los intereses imperialistas y de sus agentes. En su nacimiento fue contra la Unión Soviética y movimientos de liberación nacional, últimamente en nombre de la lucha contra el terrorismo han servido de soporte o de acción directa para invadir naciones en nombre de la Paz y la Democracia).

Hoy el imperialismo responde nuevamente de acuerdo a sus peculiares intereses, con Donald Trump como vocero presidencial, exigiendo a los países que quieren tener bases militares gringas en sus territorios que paguen si quieren mantener estos despliegues disuasivos. Para espanto de los europeos proyankis, ha espetado casi escupiendo que “…la OTAN está obsoleta…”, un preludio al recorte de gastos en esta materia y en consonancia con lo que dijo durante toda su campaña y en su primer discurso presidencial, en relación a los recursos dilapidados en gastos de invasiones a países, sin que el pueblo estadounidense haya salido beneficiado. La irracionalidad de la guerra imperialista ha sido tal que hasta un liberal burgués petulante como Trump pudo usarla como campaña, y ganar votos con esta retórica.

Con todo esto que está pasando, con los gringos tipo Trump dejando con los crespos hechos a más de uno en este lado del mundo y en el otro lado también, los venezolanos tenemos que sentirnos orgullosos de que Chávez haya planteado con claridad el tema de la independencia y de la soberanía como aspectos fundamentales de conquistas históricas de esta revolución; esto demuestra que sigue siendo correcto y lo será aún más en el futuro, que Venezuela siga su camino socialista, preparados para defendernos de manera autónoma, con alianzas legítimas y no con imposiciones, con un diseño económico y militar nuestro y no prestado.

Esta construcción victoriosa seguirá avanzando a pesar de la rémora o peso muerto que implica una oposición tarifada por la Embajada de Estados Unidos, que delira en gringo mientras el pueblo triunfa en venezolano.

 

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