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20.feb.2017 / 10:24 am / Haga un comentario

José Ramón Rivero @joseramonrivero

Desde la extinta Coordinadora Democrática la oposición anida varias antinomias, la más grande y peligrosa de todas es que se denominan democráticos, pero no lo han sido, no lo son y no lo serán. Su verdadera naturaleza es autoritaria, despótica y narcisista.

Con mucha pena, tanto propia como ajena, enterraron a la Coordinadora Democrática y fundaron la MUD, en medio de mucha, y muy deslumbrante parafernalia mediática, simulando un cambio que en esencia no cambiaba nada.

La Mesa de la Unidad Democrática nunca fue una mesa en la que todos los grupos opositores pudieron sentarse. Algunos fueron tratados peor de lo que se puede tratar al perro que vela por un trozo de sobra. A la hora de la repartición de puestos y de los dólares provistos por la embajada, algunos partidos de la derecha eran más iguales que otros.

La Mesa de la Unidad Democrática  nunca fue unitaria, ni siquiera llegaron a ser un archipiélago. Si buscamos una comparación que los interprete tendríamos que decir que más bien parecen una fiesta de caníbales, donde los descuidados terminan como pasapalos.  Al principio del 2016 guardaban algunos modales hipócritas para disfrazar las divisiones internas, pero en la medida en que iban siendo derrotados,  se fueron llenando de frustración y desesperación, las máscaras cayeron, y las sonrisas tipo Pepsodent, dieron paso a muecas de rabia, locura, o una combinación peligrosa de ambas.

Jamás han sido democráticos; los mismos que acompañaron a Pedro Carmona Estanga en el golpe de Estado contra el Presidente Chávez, hoy son los que están en la MUD, pretendiendo desde la Asamblea Nacional imponerse sobre los demás poderes, hasta el punto de dar un nuevo golpe de Estado cuando aprobaron el supuesto “Abandono del Cargo del Presidente Maduro”. Esta decisión descalifica en el futuro cualquier reclamo de respeto a la Constitución por parte de la oposición. Nuevamente rompieron el pacto constitucional, tal como lo hicieron en el 2002.

Todas estas antinomias han salido a la luz pública, ellos mismos han destapado su olla y los olores de ese caldo no son para nada agradables. Algunos incluso se descalifican entre sí con expresiones que desde el chavismo no seríamos capaces de proferir, nuestra enorme reserva moral nos impide ensuciarnos la boca o mancillar el teclado con insultos tan cargados de odio y resentimientos.

Ha quedado en evidencia que el país, el pueblo,  nuestras generaciones presentes y futuras, nada tienen que buscar en la MUD. Si no pueden dirigirse ellos mismos, es claro que tampoco pueden ni merecen dirigir a un pueblo tan heróico y vergatario como el venezolano; de hecho,  sus últimas convocatorias a marchas no entusiasman ni para un twitter.

En el chavismo la cosa es totalmente distinta. La unidad se respira, la alegría nos hermana, nuestras movilizaciones son cada vez mayores, con mucha y muy buena vibra, permanentemente moralizados y dispuestos a defender esta revolución en cualquier escenario.

 

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