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17.jun.2015 / 12:25 pm / Haga un comentario

Ramón Rivero (@joseramonrivero)

Actualmente estamos en un proceso de verificación de dos grandes estafas electorales. Los dos últimos candidatos presidenciales de la oposición eran un total fiasco,  muy parecidos a los pitillos de fiesta, sumamente decorados y brillantes por fuera pero vacíos por dentro.

La derecha realmente logró posicionar a Manuel Rosales y a Enrique Capriles como los súper héroes que iban a rescatar el país, personajes que merecían la total confianza de las venezolanas y los venezolanos para los seis años del período presidencial constitucionalmente establecido.

Ahora la contradicción es, que lo que se ofertó para todo el pueblo no les sirve a ellos,  la oposición no ve en estos dos personajes a alguien que puede resolverle uno de sus principales problemas: la ausencia de un liderazgo.

La pregunta inmediata y evidente sería ¿Por qué si estos dos señores eran como candidatos presidenciales la mejor opción para el país, en las actuales circunstancias son considerados un estorbo para la oposición?  La respuesta es simple: son una estafa de dimensiones descomunales, los vendieron en su momento como aviones supersónicos ¡y no llegaban ni a avioncito de papel!

Esto es bueno recordarlo para las presentes fechas electorales, porque se repite el mismo fraude. Los que participaron en las campañas de Rosales y de Capriles, que hoy se pelean por una nominación a la Asamblea Nacional y rehúyen toda vinculación a los ex candidatos presidenciales, debieran abstenerse de presentarse a esta elección; es evidente, nuevamente nos quieren estafar.

Ellos apuestan al desgaste que genera la guerra económica y a la brutal campaña mediática, para tratar de ponerle la mano a las riquezas de Venezuela. No es otro su objetivo, no son otras sus intensiones.

Al cierre de esta nota, la Vinotinto le ganó al seleccionado colombiano para alegría de todos los venezolanos, lamentablemente gente como Felipe Calderón y el mismo Capriles, no pudieron contener el veneno que tienen saturado en su interior y mancharon con desprecio un evento tan extraordinario. El ex presidente twitteó que nuestros jugadores compitieron de una manera sucia, cuando en realidad lo hicieron como los mejores; caben aquí las preguntas: ¿Por qué la oposición trae al país a personas como Calderón para que los defienda? ¿Por qué les montan una comparsa a semejantes personajes?  ¿No hay nadie mejor en el mundo que puedan conseguir para sumarle fuego a la campaña en contra de Venezuela?

Y para no alargar más este comentario lo único que queda por escribir es que el sucio es él.

Pero Capriles es un caso a aparte y totalmente perdido, nuevamente demostró el porque lo repudian tanto en la oposición después de pretender ser presidente. Colocar un tuit con la foto de la presidenta del CNE, aludiendo que ganó Colombia, es peor que el texto de Calderón, porque Capriles sabe lo que significa la selección de futbol para todos nosotros; volver a insistir en que el CNE canta como ganador a quien no lo es, es pretender proyectar en este magno organismo cosas que no son. Si fue la misma Señora Lucena, quien lo proclamó como ganador a la gobernación de Miranda y otros triunfos opositores, cómo es que esas proclamas ahora no sirven, así como quedarían en duda las recientes primarias de la MUD organizadas por el CNE. Algo raro debe haber en el aire que respira Capriles porque es extraña esa conducta de reconcomio trasnochado.

 

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