1.sep.2015 / 11:00 am / Haga un comentario

José Ramón Rivero @joseramonrivero

La política como disciplina de interacción humana se mide por resultados, cuantificados o de apreciación. El establecimiento del Estado de Excepción en cinco municipios fronterizos del Táchira, ha proporcionado desenlaces que han ido más allá de cualquier cálculo previo. Antes de palpar los números y dar percepciones es necesario establecer si el método implementado bajo el manto constitucional normativo está en correspondencia con el modelo humanista que partió esta carta magna, tan nuestra y tan universal.

El Estado de Excepción establecido en la Cuarta República era sinónimo de asesinatos indiscriminados, allanamientos vulgares y lesivos a la humanidad. Las garantías constitucionales se suspendían para subirle el volumen a los atropellos, sin tener que cuidar ninguna forma del debido proceso, cortando las pocas limitaciones a las violaciones de los derechos humanos que marcaron para la historia el expediente sangriento de los organismos de seguridad en pleno contubernio AD-Copei.

El Estado de Excepción decretado por el presidente Maduro ha puesto a prueba el instrumento constitucional y a quienes ha correspondido desplegarse en la frontera tachirense. Nuestros organismos de seguridad han pasado la prueba en los primeros días de la suspensión de garantías, los cuales siempre son los más cruciales; debe ser la primera vez en la historia de las democracias contemporáneas, que no haya habido ningún muerto en las horas iniciales de la suspensión de las garantías.

Otra consideración tiene el estado emocional reinante para las comunidades fronterizas, los cuerpos de seguridad no han establecido un clima de terror como ocurría en el pasado, el efecto es el de sensación de liberación de un poblado, como si se tratara del desalojo de un contingente de ocupación. En los hechos y en lo subjetivo se está derrotando al terror impuesto por bandas de contrabandistas y “Paracas”.

Los resultados de este método aplicado desde el punto de vista cuantitativo son alentadores, varias organizaciones delincuenciales desarticuladas, clausura de zonas controladas por “Paracos”, cese de la hemorragia que a través del tráfico ilícito de bienes, eliminación del cobro de vacunas, disminución a cero de los homicidios, robo o hurto de carros y de las operaciones de drogas ilícitas.

Efectivamente hay un costo, no todo es un tránsito del cual se salga ileso. En este sentido hay una campaña interna, pero sobre todo externa que logra generar desconfianza sobre las decisiones que en materia fronteriza se están tomando, mediáticamente nos colocan como lo que no somos; hay una jauría encargada a nivel mundial de generar rechazos.

Ante decisiones tan firmes, categóricas y de tan alta monta que ha asumido el gobierno revolucionario, nuevamente la oposición venezolana ha demostrado su verdadera faz, colocándose en la sombra del “Uribismo”, en una respuesta que por decir lo menos es ridículamente apátrida. Señalar que nuestro objetivo es el de suspender las elecciones, expresa su cómplice vocación hacia la violencia (siendo ésta la política que requiere menor esfuerzo intelectual). La atrofia opositora ha quedado en evidencia con el comunicado emitido recientemente.

Un párrafo aparte y de mientras tanto merece la ausencia de cualquier condena al accionar de las bandas criminales en la frontera. Genera mucha indignación las complicidades y solidaridades automáticas que tienen con la criminalidad, pero esto debe redoblar nuestras alertas porque la derecha venezolana dejó al descubierto su relación orgánica con el Paramilitarismo colombiano, están umbilicalmente conectados con los contrabandistas y con quienes han lanzado el ataque brutal contra nuestra moneda. En este caso el callar no es solo otorgar. En este caso centrar unidireccionalmente sus críticas contra la liberación del pueblo tachirense los coloca nuevamente en la senda peligrosa de la criminalidad.

 

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